VIAJANDO POR AHÍ
Sunday, October 31, 2010
Thursday, February 25, 2010
El día que conocí a Steve McCurry
— Estiv, Estiv! plis, a picture with the chica afgana.
— Estiv! only two questions, two more questions.
— Estiv, look here, una foto con tu cámara, plis.
Al pobre hombre lo acosan, y no es para menos. ¿Se acuerdan de esta foto? Creo que no existe nadie que no haya visto esa mirada una vez en su vida.
Y sí, la sacó él. Un gran artista. Excelente retratista. Una inspiración para todos los viajeros y fotógrafos. Hoy lo tengo a pocos metros. Pero voy a ser paciente, nada de abalanzarme, total, en algún momento el resto de los periodistas se va a ir, y ahí aprovecharé para hacerle la entrevista con tranquilidad.
Se lo llevan afuera, "Una foto al aire libre, Estiv". Le sacan todo tipo de fotos: mirando hacia el vacío, con la cámara acá, con la cámara allá, de frente, de espaldas, con la mano levantada, con el pie apoyado. Y él, tan tranquilo, se deja fotografiar. Qué ironía. Seguro que por dentro se ríe de todos.
Terminan de sacarle fotos y queda solo. Por primera vez en cuatro horas, está solo. Es mi oportunidad.
—Hi Steve. ¿Todavía tenés energía como para una entrevista más? [todo en inglés, obvio]
—Of course!
—¿Es tu primera vez en Argentina?
—Sí.
—¿Y cuál es tu próximo destino?
—El sábado me voy a la India.
Yo pienso, ledigonoledigoledigonoledigo.
—Ah! Yo en un mes me voy de viaje a Asia, probablemente por un año.
Me mira y sonríe. Le encantó.
—Really???
—Sí, yo escribo e intento sacar fotos. [no puedo dármela de fotógrafa con un tipo tan groso]
—Wow, impressive.
Llegamos nuevamente a la sala del Borges. Me pide que lo espere mientras va al baño. Me quedo ahí parada, nerviosísima. ¿Y si se le ocurre escaparse por la ventana del baño para no tener que seguir lidiando con la prensa? Recemos para que el baño no tenga salida al exterior. Ahí vuelve. Se acerca. Lo intercepta otra periodista. Ufa. Me mira de lejos como diciendo Perdón, ya voy. Yo espero con mi santa paciencia. Por fin vuelve y me invita a sentarnos dentro de la sala de exposición, entre medio de todas sus fotos.
Saco el grabador, las preguntas y disparo.
—Empezaste estudiando cine... ¿qué te hizo elegir la fotografía como carrera?
—Bueno [me da una breve explicación]... BUT TELL ME ABOUT YOUR TRIP. ¿Cuándo te vas? ¿Por dónde vas a estar? ¿Vas sola? ¿Viajas por placer?
No puedo creerlo. Steve McCurry me está entrevistando a mi. Le cuento un poco sobre mi vida: que en el 2008 viajé a Latinoamérica por nueve meses, que la escritura, que la agencia de viajes, que las fotos, que Asia, que mi pasión. Me pide mi contacto y además me saca la hoja de las preguntas y me escribe sus mails. "Escribime así nos encontramos en Asia". WHAT. Sí. "Pero escribime eh".
Estoy caminando sobre una nube. Hoy definitivamente fue un gran día.
— Estiv! only two questions, two more questions.
— Estiv, look here, una foto con tu cámara, plis.
Al pobre hombre lo acosan, y no es para menos. ¿Se acuerdan de esta foto? Creo que no existe nadie que no haya visto esa mirada una vez en su vida.
Y sí, la sacó él. Un gran artista. Excelente retratista. Una inspiración para todos los viajeros y fotógrafos. Hoy lo tengo a pocos metros. Pero voy a ser paciente, nada de abalanzarme, total, en algún momento el resto de los periodistas se va a ir, y ahí aprovecharé para hacerle la entrevista con tranquilidad.
Se lo llevan afuera, "Una foto al aire libre, Estiv". Le sacan todo tipo de fotos: mirando hacia el vacío, con la cámara acá, con la cámara allá, de frente, de espaldas, con la mano levantada, con el pie apoyado. Y él, tan tranquilo, se deja fotografiar. Qué ironía. Seguro que por dentro se ríe de todos.
Terminan de sacarle fotos y queda solo. Por primera vez en cuatro horas, está solo. Es mi oportunidad.
—Hi Steve. ¿Todavía tenés energía como para una entrevista más? [todo en inglés, obvio]
—Of course!
—¿Es tu primera vez en Argentina?
—Sí.
—¿Y cuál es tu próximo destino?
—El sábado me voy a la India.
Yo pienso, ledigonoledigoledigonoledigo.
—Ah! Yo en un mes me voy de viaje a Asia, probablemente por un año.
Me mira y sonríe. Le encantó.
—Really???
—Sí, yo escribo e intento sacar fotos. [no puedo dármela de fotógrafa con un tipo tan groso]
—Wow, impressive.
Llegamos nuevamente a la sala del Borges. Me pide que lo espere mientras va al baño. Me quedo ahí parada, nerviosísima. ¿Y si se le ocurre escaparse por la ventana del baño para no tener que seguir lidiando con la prensa? Recemos para que el baño no tenga salida al exterior. Ahí vuelve. Se acerca. Lo intercepta otra periodista. Ufa. Me mira de lejos como diciendo Perdón, ya voy. Yo espero con mi santa paciencia. Por fin vuelve y me invita a sentarnos dentro de la sala de exposición, entre medio de todas sus fotos.
Saco el grabador, las preguntas y disparo.
—Empezaste estudiando cine... ¿qué te hizo elegir la fotografía como carrera?
—Bueno [me da una breve explicación]... BUT TELL ME ABOUT YOUR TRIP. ¿Cuándo te vas? ¿Por dónde vas a estar? ¿Vas sola? ¿Viajas por placer?
No puedo creerlo. Steve McCurry me está entrevistando a mi. Le cuento un poco sobre mi vida: que en el 2008 viajé a Latinoamérica por nueve meses, que la escritura, que la agencia de viajes, que las fotos, que Asia, que mi pasión. Me pide mi contacto y además me saca la hoja de las preguntas y me escribe sus mails. "Escribime así nos encontramos en Asia". WHAT. Sí. "Pero escribime eh".
Estoy caminando sobre una nube. Hoy definitivamente fue un gran día.
Thursday, February 18, 2010
Ahicito nomás...
"En Bolivia las distancias se miden en milímetros, centímetros, metros, decámetros, hectómetros, kilómetros, megámetros, exámetros y... ahícito nomás."
Nunca me voy a olvidar del cordobés que entró al hostal diciendo esto, enojado porque lo habían hecho caminar varios kilómetros hasta el almacén más cercano que, según le dijeron, estaba ahicito nomás.
Es gracioso cómo cambian las nociones de distancia según se trate de un pueblo o de una ciudad. La gente de los pueblos, especialmente en la zona del altiplano boliviano, está acostumbrada a caminar enormes distancias solamente para comprar comida o visitar al vecino; en las ciudades, en cambio, caminar cinco cuadras para ir a la farmacia resulta algo excesivo.
En Argentina estamos acostumbrados a viajar de una provincia a otra más o menos cómodamente, en colectivos de larga distancia con asientos reclinables, cama, semi cama, cama de dos plazas, aire acondicionado, calefacción y los últimos estrenos en DVD. Calculamos el tiempo de viaje según los kilómetros entre un destino y otro y sabemos que a menos que haya un accidente, piquete o tormenta eléctrica, llegaremos en el tiempo previsto. Hacia el norte de Sudamérica no pasa lo mismo y viajar en bus se convierte en una experiencia totalmente distinta y por demás entretenida.
En Bolivia, por ejemplo, nunca sabemos a qué tipo de transporte nos vamos a subir hasta que lo vemos en vivo (la foto que muestran en la terminal difiere bastante del producto real); una vez arriba, puede pasar que tengamos a alguien instalado en nuestro asiento, ya que los pasajes se revenden. Si tenemos suerte conseguiremos un asiento del lado de la ventana y esta funcionará a la vez de aire acondicionado o de calefacción, según la temperatura exterior que suele oscilar de un extremo a otro entre el día y la noche. El peor de los casos es sentarse debajo del parlante ya que escucharemos durante todo el viaje, a un volumen que creíamos imposible, a) los últimos éxitos de la cumbia boliviana, que no son más que cuatro temas que se repiten constantemente o b) la banda sonora de una película de guerra (no sé cuál es la obsesión de esta gente con Silvester Stallone, Van Damme y Arnold S., pero juro que en esos seis meses me vi Rocky I, Rocky II, Rocky Balboa, Rambo IV, Rambo V y Rambo 30). Hay que estar preparado para no ir al baño durante varias horas, ya que en Bolivia ningún colectivo cuenta con sanitarios; si el conductor se apiada hace una parada en algún descampado para aliviar nuestras vejigas, pero muchas veces hay que correr detrás del colectivo porque este no espera más de 30 segundos. Un camino de 600 kilómetros puede llevar 18 horas en recorrerse, como es el caso de La Paz-Rurrenabaque; y el "hermoso paisaje de montaña" que nos prometieron al comprar el pasaje no tenía nada de lindo sino que era literalmente una ruta mortal que iba pegada al precipicio y por la que no podían pasar dos autos a la vez.
Pero así son los viajes por el continente: incómodos, aterradores, cansadores y totalmente divertidos. Y cuando uno ya siente que las piernas se le durmieron y que el paisaje es siempre el mismo, se suben los vendedores ambulantes y le devuelven la alegría al trayecto.
Nunca me voy a olvidar del cordobés que entró al hostal diciendo esto, enojado porque lo habían hecho caminar varios kilómetros hasta el almacén más cercano que, según le dijeron, estaba ahicito nomás.
Es gracioso cómo cambian las nociones de distancia según se trate de un pueblo o de una ciudad. La gente de los pueblos, especialmente en la zona del altiplano boliviano, está acostumbrada a caminar enormes distancias solamente para comprar comida o visitar al vecino; en las ciudades, en cambio, caminar cinco cuadras para ir a la farmacia resulta algo excesivo.
En Argentina estamos acostumbrados a viajar de una provincia a otra más o menos cómodamente, en colectivos de larga distancia con asientos reclinables, cama, semi cama, cama de dos plazas, aire acondicionado, calefacción y los últimos estrenos en DVD. Calculamos el tiempo de viaje según los kilómetros entre un destino y otro y sabemos que a menos que haya un accidente, piquete o tormenta eléctrica, llegaremos en el tiempo previsto. Hacia el norte de Sudamérica no pasa lo mismo y viajar en bus se convierte en una experiencia totalmente distinta y por demás entretenida.
En Bolivia, por ejemplo, nunca sabemos a qué tipo de transporte nos vamos a subir hasta que lo vemos en vivo (la foto que muestran en la terminal difiere bastante del producto real); una vez arriba, puede pasar que tengamos a alguien instalado en nuestro asiento, ya que los pasajes se revenden. Si tenemos suerte conseguiremos un asiento del lado de la ventana y esta funcionará a la vez de aire acondicionado o de calefacción, según la temperatura exterior que suele oscilar de un extremo a otro entre el día y la noche. El peor de los casos es sentarse debajo del parlante ya que escucharemos durante todo el viaje, a un volumen que creíamos imposible, a) los últimos éxitos de la cumbia boliviana, que no son más que cuatro temas que se repiten constantemente o b) la banda sonora de una película de guerra (no sé cuál es la obsesión de esta gente con Silvester Stallone, Van Damme y Arnold S., pero juro que en esos seis meses me vi Rocky I, Rocky II, Rocky Balboa, Rambo IV, Rambo V y Rambo 30). Hay que estar preparado para no ir al baño durante varias horas, ya que en Bolivia ningún colectivo cuenta con sanitarios; si el conductor se apiada hace una parada en algún descampado para aliviar nuestras vejigas, pero muchas veces hay que correr detrás del colectivo porque este no espera más de 30 segundos. Un camino de 600 kilómetros puede llevar 18 horas en recorrerse, como es el caso de La Paz-Rurrenabaque; y el "hermoso paisaje de montaña" que nos prometieron al comprar el pasaje no tenía nada de lindo sino que era literalmente una ruta mortal que iba pegada al precipicio y por la que no podían pasar dos autos a la vez.
Pero así son los viajes por el continente: incómodos, aterradores, cansadores y totalmente divertidos. Y cuando uno ya siente que las piernas se le durmieron y que el paisaje es siempre el mismo, se suben los vendedores ambulantes y le devuelven la alegría al trayecto.
Monday, February 8, 2010
Asia Hacia
Los preparativos de un viaje agotan. No sólo físicamente, sino más bien mentalmente. La primera pregunta es —suponiendo que pudiéramos viajar a cualquier destino del mundo, más allá de las limitaciones económicas—: ¿A dónde voy? Algunos optan por los lugares "conocidos", otros por los lugares "seguros" (vaya uno a saber qué significado le da esta gente a estos términos), muchos prefieren ir cerca, algunos buscan lo exótico e impredecible, otros —aunque usted no lo crea— no sienten el impulso ni la necesidad de moverse de los metros cuadrados de La Tierra que le pertenecen (aunque sea una pertenencia efímera). Lamentablemente (para algunos, no para mí), nací con alma nómade y no puedo estar quieta; además, siempre pienso en grande: yo no quiero conocer un país, quiero conocer El Mundo, así, con mayúsculas.
Esta vez decidí optar por un continente que me atrae hace tiempo: ASIA. No se aceptan las preguntas del tipo ¿Hacia dónde vas? seguidas de una sonrisa que demuestra la supuesta creatividad del juego de palabras. Asia dónde voy querés saber. Fijate.
Una vez elegido el destino, empieza la investigación. A menos, claro, que uno contrate un paquete turístico que incluya, a saber: traslados aéreos, traslado terrestre desde el aeropuerto hasta el hotel (cinco estrellas, of course), alfombra roja hasta la playa, tours en combi con aire acondicionado por la ciudad, botones que lleve las valijas y abanique a los visitantes, espectáculos prearmados, escenografía para fotos típicas, encuentros casuales con los locales en lugares predeterminados, papel higiénico y cepillo de dientes. Exagero, sí, un poco, pero es más la cantidad de gente que no sabe nada acerca del lugar al que va, que la que se toma el tiempo de investigar algo acerca de la historia, cultura y lenguaje del país o región. Tengo un amigo para presentarles: se llama Lonely Planet. No lo voy a negar, es una de mis Biblias junto con los libros de Kapuściński y los discos de los Beatles. Segundo mejor amigo: los foros de viajeros. Y los amigos, conocidos, amigosde, que viajaron y están dispuestos a contar todo.
Bien. Ya sabemos ubicar nuestro futuro viaje en el mapa. Incluso estamos tentados de trazar una linea de puntos de una ciudad a otra, indicando el camino a recorrer. Pero lo más probable es, si hacemos el viaje sin limitaciones de tiempo, que el recorrido se vaya modificando (incluso definiendo) a medida que caminemos. Caminante no hay camino, dicen.
Ahora empieza la tortura mental. Es una tortura de esas que no duelen, pero que tampoco conoce horas de descanso. Una vez que tenemos toda la información necesaria, que sabemos decir hola, gracias, por favor, cómoleva en los quince dialectos del país, que nos aprendimos de memoria los milímetros de lluvia que caen cada mes, que somos capaces de nombrar, sin repetir y sin soplar, los ingredientes de las comidas típicas de cada pueblo, preparense, porque ahí empiezan las preguntas.
Cada noche me voy a dormir con un nuevo dilema existencial: ¿Mochila o carrito? ¿Efectivo, tarjeta o traveller's checks? ¿Ropa de abrigo? ¿Hará frío en un lugar tan tropical? Seguro que voy y llueve, y yo sin paraguas. ¿Voy lo más liviana posible y me compro la ropa allá? ¿En qué país empiezo el recorrido? Viajando por Latinoamérica tenía un camino, digamos, "lógico": siempre hacia el norte. Pero ahora, ¿cómo uno esta cantidad de países dispersados que no siguen ningún orden aparente? ¿Tibet o no Tibet? ¿Hablar o no hablar de Myanmar? ¿A la India sola o acompañada? Cada día, una nueva pregunta.
Un lugar por el que hay que pasar obligatoriamente antes de partir: vacuNation. Según me dijeron, por lo menos diez pinchazos. A los miedosos les digo, lo lamento, pero no pueden abstenerse. La salud ante todo. Es como llenar un álbum de figuritas: Hepatitis A, late, Hepatitis B, late, Fiebre Amarilla, late, Fiebre Tifoidea, late, Polio, late, Meningitis, late, Tétanos-Difteria, late, Rabia, nola, Encefalitis Japonesa, nola (dicen que es la difícil, no se consigue en Argentina). Me faltan dos de nueve, nada mal. Lástima que no son intercambiables, cada cual tiene que completar su propio álbum.
Y después, la tarea más desafiante: hacer la mochila, lo más completa y liviana posible. Dos términos difíciles de conciliar, especialmente por lo de liviana. Pero es así, nada mejor que viajar lo menos cargado posible. Cuantos menos objetos, menos preocupaciones y más lugar para guardar experiencias e historias.
Ya falta poco. A tachar lo días nomás.
Esta vez decidí optar por un continente que me atrae hace tiempo: ASIA. No se aceptan las preguntas del tipo ¿Hacia dónde vas? seguidas de una sonrisa que demuestra la supuesta creatividad del juego de palabras. Asia dónde voy querés saber. Fijate.
Una vez elegido el destino, empieza la investigación. A menos, claro, que uno contrate un paquete turístico que incluya, a saber: traslados aéreos, traslado terrestre desde el aeropuerto hasta el hotel (cinco estrellas, of course), alfombra roja hasta la playa, tours en combi con aire acondicionado por la ciudad, botones que lleve las valijas y abanique a los visitantes, espectáculos prearmados, escenografía para fotos típicas, encuentros casuales con los locales en lugares predeterminados, papel higiénico y cepillo de dientes. Exagero, sí, un poco, pero es más la cantidad de gente que no sabe nada acerca del lugar al que va, que la que se toma el tiempo de investigar algo acerca de la historia, cultura y lenguaje del país o región. Tengo un amigo para presentarles: se llama Lonely Planet. No lo voy a negar, es una de mis Biblias junto con los libros de Kapuściński y los discos de los Beatles. Segundo mejor amigo: los foros de viajeros. Y los amigos, conocidos, amigosde, que viajaron y están dispuestos a contar todo.
Bien. Ya sabemos ubicar nuestro futuro viaje en el mapa. Incluso estamos tentados de trazar una linea de puntos de una ciudad a otra, indicando el camino a recorrer. Pero lo más probable es, si hacemos el viaje sin limitaciones de tiempo, que el recorrido se vaya modificando (incluso definiendo) a medida que caminemos. Caminante no hay camino, dicen.
Ahora empieza la tortura mental. Es una tortura de esas que no duelen, pero que tampoco conoce horas de descanso. Una vez que tenemos toda la información necesaria, que sabemos decir hola, gracias, por favor, cómoleva en los quince dialectos del país, que nos aprendimos de memoria los milímetros de lluvia que caen cada mes, que somos capaces de nombrar, sin repetir y sin soplar, los ingredientes de las comidas típicas de cada pueblo, preparense, porque ahí empiezan las preguntas.
Cada noche me voy a dormir con un nuevo dilema existencial: ¿Mochila o carrito? ¿Efectivo, tarjeta o traveller's checks? ¿Ropa de abrigo? ¿Hará frío en un lugar tan tropical? Seguro que voy y llueve, y yo sin paraguas. ¿Voy lo más liviana posible y me compro la ropa allá? ¿En qué país empiezo el recorrido? Viajando por Latinoamérica tenía un camino, digamos, "lógico": siempre hacia el norte. Pero ahora, ¿cómo uno esta cantidad de países dispersados que no siguen ningún orden aparente? ¿Tibet o no Tibet? ¿Hablar o no hablar de Myanmar? ¿A la India sola o acompañada? Cada día, una nueva pregunta.
Un lugar por el que hay que pasar obligatoriamente antes de partir: vacuNation. Según me dijeron, por lo menos diez pinchazos. A los miedosos les digo, lo lamento, pero no pueden abstenerse. La salud ante todo. Es como llenar un álbum de figuritas: Hepatitis A, late, Hepatitis B, late, Fiebre Amarilla, late, Fiebre Tifoidea, late, Polio, late, Meningitis, late, Tétanos-Difteria, late, Rabia, nola, Encefalitis Japonesa, nola (dicen que es la difícil, no se consigue en Argentina). Me faltan dos de nueve, nada mal. Lástima que no son intercambiables, cada cual tiene que completar su propio álbum.
Y después, la tarea más desafiante: hacer la mochila, lo más completa y liviana posible. Dos términos difíciles de conciliar, especialmente por lo de liviana. Pero es así, nada mejor que viajar lo menos cargado posible. Cuantos menos objetos, menos preocupaciones y más lugar para guardar experiencias e historias.
Ya falta poco. A tachar lo días nomás.
Thursday, January 21, 2010
Reflexiones sobre el viajar
Después de haber viajado durante unos meses puedo afirmar que existen varios circuitos turísticos que no son reconocidos como tal.
Primero, el más obvio y del que huyo, el "turismo-cine": aquel donde todo, absolutamente todo está perfectamente armado y guionado de antemano, y la película se repite una y otra vez, sin cambios ni posibilidad de interacción, para los recién llegados. Es el caso, por ejemplo, de aquellos turistas que llegan a una ciudad cualquiera, por más pobre o rica que sea, y la recorren dentro de sus colectivos o combis con aire acondicionado/calefacción mientras un guía decreta desde la autoridad de su micrófono qué es lo que tienen que ver por la ventana y desde qué ángulo.
En segundo lugar descubrí que existe el "turismo-teatro": es aquel en que el viajero cree que realmente está fuera del circuito turístico y en contacto directo y real con la cultura y la gente del país. A pesar de que hay cierta interacción con los locales y una absorción más sincera del lugar, en general el viajero sigue siendo víctima de una actuación -más improvisada y flexible, sí, pero actuación al fin-. Una especie de circuito under (a diferencia del primero que vendría a ser mainstream). Es el caso de los gringos y europeos que cumplen al pie de la letra lo que pregonan sus biblias (a saber: el Lonely Planet, Footprint y derivados) y van todos a las mismas ciudades, a los mismos hostels, a los mismos restaurantes, a los mismos bares y no hacen más que seguir hablando su propio idioma y manteniendo su cultura cual secta perdida en país ajeno.
Por último, está el turismo sin pantallas ni escenografía o "turismo-realidad", aunque más que turismo debería llamarse travesía o recorrido, y está reservado para aquellos viajeros independientes y un poco locos. Estas personas se dedican a conocer (aquí es muy importante remarcar el término conocer) cada pueblo, cada ciudad y cada ser humano que se cruza en su camino. Son los que espían detrás de escena, los que miran más allá de las pantallas, los que preguntan todo el tiempo por qué, los que son felices solamente por compartir unos minutos de su vida con una de esas personas que tan lejos vive de su realidad pero tan cerca está de su humanidad.
Primero, el más obvio y del que huyo, el "turismo-cine": aquel donde todo, absolutamente todo está perfectamente armado y guionado de antemano, y la película se repite una y otra vez, sin cambios ni posibilidad de interacción, para los recién llegados. Es el caso, por ejemplo, de aquellos turistas que llegan a una ciudad cualquiera, por más pobre o rica que sea, y la recorren dentro de sus colectivos o combis con aire acondicionado/calefacción mientras un guía decreta desde la autoridad de su micrófono qué es lo que tienen que ver por la ventana y desde qué ángulo.
En segundo lugar descubrí que existe el "turismo-teatro": es aquel en que el viajero cree que realmente está fuera del circuito turístico y en contacto directo y real con la cultura y la gente del país. A pesar de que hay cierta interacción con los locales y una absorción más sincera del lugar, en general el viajero sigue siendo víctima de una actuación -más improvisada y flexible, sí, pero actuación al fin-. Una especie de circuito under (a diferencia del primero que vendría a ser mainstream). Es el caso de los gringos y europeos que cumplen al pie de la letra lo que pregonan sus biblias (a saber: el Lonely Planet, Footprint y derivados) y van todos a las mismas ciudades, a los mismos hostels, a los mismos restaurantes, a los mismos bares y no hacen más que seguir hablando su propio idioma y manteniendo su cultura cual secta perdida en país ajeno.
Por último, está el turismo sin pantallas ni escenografía o "turismo-realidad", aunque más que turismo debería llamarse travesía o recorrido, y está reservado para aquellos viajeros independientes y un poco locos. Estas personas se dedican a conocer (aquí es muy importante remarcar el término conocer) cada pueblo, cada ciudad y cada ser humano que se cruza en su camino. Son los que espían detrás de escena, los que miran más allá de las pantallas, los que preguntan todo el tiempo por qué, los que son felices solamente por compartir unos minutos de su vida con una de esas personas que tan lejos vive de su realidad pero tan cerca está de su humanidad.
De compras por Sudamérica
El primero es el Mercado Alasita de La Paz, Bolivia. Lo interesante de este mercado es que todo lo que se vende viene en tamaño miniatura. Entonces uno puede volver del mercado con un auto, una computadora último
Y por último, cómo olvidar a Pinocho, el
pajarito que lee la fortuna en el Mercado del Alto de La Paz. Por un peso boliviano (algo así como 30 centavos), Pinocho te tira las cartas. Lo único que hay que hacer es preguntarle aquello que nos desvele (quién va a ganar el partido, a cuánto estará la mortadela o por qué canal pasan Esperando la carroza) y Pinocho irá caminando hacia la carta correspondiente y la señalará con el pico. Osea que si sale el 12 cualquiera de nuestras preguntas queda respondida: gana Boca, 12 centavos la feta, la pasan por el trece.
Thursday, January 14, 2010
Maia
Maia siempre se despierta unos minutos antes de que salga el sol. No tiene noción de la hora, en su casa nunca le enseñaron a guiarse por dos agujas sino por el color del cielo. Cada mañana, ve el cielo negro que de a poco empieza a aclarar, eso le indica que está por empezar el día. Maia es la más pequeña de cinco hermanas y comparte la cama con dos de ellas. En el cuarto que hace de casa son siete: ellas cinco, la madre y una tía. La rutina se repite día a día: Maia abre los ojos y enseguida despierta a sus dos hermanas, ellas despiertan a las otras dos y la mayor, a la tía. La madre ya está despierta, a veces la preocupación no le permite dormir demasiado. Maia se viste con la pollera y la camisa que heredó de sus hermanas, agarra un fajo de collares hechos por la madre la noche anterior y se prepara para ir al parque. Cada hermana se dedica a vender algo distinto: pulseras, bufandas, collares, bolsos, títeres.
En el parque, Maia ve que una chica rubia se sienta en un banco cercano. De pequeña le enseñaron que los rubios son gringos, hablan inglés y tienen dinero. Va corriendo hacia ella y le muestra los collares, la chica le dice que no quiere comprar nada, le agradece y le dice que los collares son muy lindos. Lo primero que le pregunta Maia es por qué no habla inglés, la chica le responde que ella viene de un país donde se habla español y le pregunta a Maia si ella sabe hablar inglés. Maia no sabe, pero le dice que habla un poquito y se va corriendo a donde están su mamá y dos de sus hermanas.
Maia es muy chica para comprender el gran bagaje cultural que carga en su espalda, Maia probablemente no sabe tanto acerca de sus antepasados, Maia no sabe que ella también es fundamental en la historia maya. Maia seguirá viviendo la misma rutina durante años, durmiéndose cuando el cielo aún esté naranja, llorando cada vez que caigan gotas de las nubes y despertándose siempre unos minutos antes de que salga el sol.
***
Historia basada en la siguiente situación:
Estoy sentada en un banco del Parque Central de La Antigua Guatemala, mirando a una madre con sus hijas y tratando de sacarle una foto discretamente. Se me acerca una de las nenas, tendrá cinco o seis años.
—Collarcitos, baratos, bonitos para regalo.
—No, gracias.
—Collarcitos, baratos, bonitos para regalo.
—¿A cuánto?
Se va corriendo a preguntarle a la mamá.
—A cuarenta.
—No, gracias, igual son muy lindos, ¿los hiciste vos?
—No, mi mamá... Mirá qué lindos.
—Sí, muy lindos.
—¿Por qué no hablás inglés?
—Porque soy de Argentina, un país donde se habla español. ¿Vos hablás?
—Un poquito, pero no puedo hablar mucho.
Y así como vino, se fue.
A.V. | 26-06-09
En el parque, Maia ve que una chica rubia se sienta en un banco cercano. De pequeña le enseñaron que los rubios son gringos, hablan inglés y tienen dinero. Va corriendo hacia ella y le muestra los collares, la chica le dice que no quiere comprar nada, le agradece y le dice que los collares son muy lindos. Lo primero que le pregunta Maia es por qué no habla inglés, la chica le responde que ella viene de un país donde se habla español y le pregunta a Maia si ella sabe hablar inglés. Maia no sabe, pero le dice que habla un poquito y se va corriendo a donde están su mamá y dos de sus hermanas.
Maia es muy chica para comprender el gran bagaje cultural que carga en su espalda, Maia probablemente no sabe tanto acerca de sus antepasados, Maia no sabe que ella también es fundamental en la historia maya. Maia seguirá viviendo la misma rutina durante años, durmiéndose cuando el cielo aún esté naranja, llorando cada vez que caigan gotas de las nubes y despertándose siempre unos minutos antes de que salga el sol.
***
Historia basada en la siguiente situación:
Estoy sentada en un banco del Parque Central de La Antigua Guatemala, mirando a una madre con sus hijas y tratando de sacarle una foto discretamente. Se me acerca una de las nenas, tendrá cinco o seis años.
—Collarcitos, baratos, bonitos para regalo.
—No, gracias.
—Collarcitos, baratos, bonitos para regalo.
—¿A cuánto?
Se va corriendo a preguntarle a la mamá.
—A cuarenta.
—No, gracias, igual son muy lindos, ¿los hiciste vos?
—No, mi mamá... Mirá qué lindos.
—Sí, muy lindos.
—¿Por qué no hablás inglés?
—Porque soy de Argentina, un país donde se habla español. ¿Vos hablás?
—Un poquito, pero no puedo hablar mucho.
Y así como vino, se fue.
A.V. | 26-06-09
Subscribe to:
Posts (Atom)


